Eternal Sunshine of the Spootless mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdo) – 2004

Otra extraordinaria película producto de la increíble imaginación de Charlie Kaufman, esta vez se suma muchos puntos positivos por combinar con éxito la ciencia ficción y el romance. No son personajes de leyenda, ni están sumergidos en historias épicas, son personas como usted o como yo que tienen la suerte o el infortunio de disfrutar de una tecnología única: poder borrar a discreción sus recuerdos.

¿La muerte de la primera mascota, la pérdida de un ser querido, el momento más vergonzoso de su vida? lo escoges y lo borras, así de sencillo. Probablemente como podría pasar en la vida real la película se centra en una aplicación específica: borrar los recuerdos de un amor fallido. Joel Barish (uno de los mejores personajes de Jim Carrey) es el típico sujeto meditabundo y ensimismado con el que cualquier ingeniero puede identificarse, una mañana despierta y decide por impulso tomar un tren hacia Montauk, en el camino de regreso conoce a un mujer con el pelo teñido que se llama Clementine Kruczynski (Kate Winslet), cruzan un par de palabras, coquetean, se enamoran supongo y la película luego nos transporta, durante los créditos de inicio, al desenlace de la relación entre ambos. En un impulso, y para dar un final definitivo a una historia de amor que no va bien, Clementine decide usar los servicios de Lacuna Inc. para borrar de su mente a Joel, Joel al enterarse decide hacer lo mismo, decisión de la que a la larga se arrepiente, la impotencia de no poder revertir la tarea de borrarse a Clementine lleva a Joel a buscar la forma de esconder a Clementine en sus recuerdos, cuando este plan falla sólo queda como opción un mensaje que se instaura en el subconsciente de ambos, “Meet me in Montauk” le dice Clementine mientras se desvanece del último rincón de la mente de Joel.

Una de las mejores cosas de la película es la forma en la que se cuenta la historia, la narrativa se divide en dos ejes: uno la realidad consiente, en la que Clementine lentamente pierde la cordura, el otro los recuerdos de Joel que van de lo tormentoso de la relación a los momentos que hicieron que uno se enamorara del otro. Para que este estilo poco convencional de narración tenga éxito se debe ser muy buen director y Michel Gondry lo maneja de forma excepcional. Además para que el efecto de intemporalidad entre los momentos de la película tenga sentido y surta efecto el giro del final se necesitan actuaciones sólidas, es fácil identificar por ejemplo a la Clementine de los recuerdos de Joel, enamorada, impulsiva, imperfecta y a la Clementine sumida en la depresión y fuera de si de la realidad. De haber fallado en las interpretaciones, cada salto de eje narrativo, de la realidad a los recuerdos, hubiera dejado al espectador sin la menor idea de lo que está viendo. Es todo un triunfo de Kate Winsley y de Jim Carrey que la película haya resultado tan bien como resultó, una injusticia que por lo menos a Jim Carrey no se le haya premiado siquiera con una nominación al Oscar.

Finalmente, cada quien es libre de sacar sus propias conclusiones de esta obra maestra, ¿se valen las segundas oportunidades?¿se va a querer igual sabiendo de antemano que sucederá después?¿se deja de amar en algún momento?

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Categorías:Cine & TV, Para ver

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