Che: Part Two (La muerte del Che)

La Muerte del Che es exactamente lo que nos dice el título, dos horas de relleno y tres minutos geniales en primera persona de la muerte del Ché. Hubiera sido un éxito si hubiera sido un cortometraje con esa escena como climax, en cambio, Soderbergh nos tortura con una película tan plana que pese a tratar sobre revoluciones, héroes y villanos, no despierta ninguna emoción, no mueve ninguna vena política y no entretiene de ninguna forma.

La película nos muestra lo últimos trecientos y pico días del Ché, su fallida revolución en Bolivia y su cobarde ejecución. Si algo nuevo se puede agregar al mito del Ché después de esta película -presuntamente basada en los diarios del Ché- es que Ernesto era un pésimo estratega, un líder mediocre y enfermizo cuyas decisiones lo arrastraron a la muerte. Es que durante dos horas no pasa nada que permita vislumbrar el porqué un hombre cualquiera se convirtió en símbolo de toda una revolución y en cambió si nos responde -sin querer- el porqué fracasó en todas las escaramuzas libertarias que emprendió fuera de Cuba y porqué encontró la muerte en el más insospechado de los rincones del globo, por que Bolivia no es precisamente el pilar del capitalismo moderno ni la cuna de un ejercito imbatible ni de una democracia a prueba de balas; La Muerte del Ché nos dice que la Revolución que se impulsó desde Cuba fracasó porque el hombre detrás de las ideas no era el Ché combativo de las leyendas sino era el Fidel inteligente que prefirió atrincherarse en Cuba, nos dice además que el Ché estaba tratando de liberar a un pueblo que no quería ser liberado y estaba dando una pelea que ya estaba perdida.

Lo peor del asunto es que todas esas conclusiones, aunque evidentes, parecen desafortunados efectos secundarios de una pésima narración porque la línea editorial de la película es de evidente izquierda: se le regalan diálogos enteros a los guerrilleros para que nos expliquen porqué el conflicto es necesario y se destacan los excesos del ejército mientras se minimizan los de la insurgencia, pese a eso, uno aún encuentra extraño que un campesino prefiera delatar al ejercito libertador en vez de unírsele o que el Ché no de la pelea con los mineros evidentemente inconformes o que con un grupo grande, el Ché, decida separarse en bloques vulnerables. Ojala el director hubiera usado la libertad con la que caricaturizó a los generales del ejército boliviano para ahondar más en las necesidades propias del Ché, en los planes que tenía en Bolivia y en llenar los agujeros argumentales que va dejando en todo lado.

No creo que mucha gente salga contenta de la sala, quienes admiran los ideales del Ché se van a quejar de la manera mundana con la que el líder revolucionario es tratado, se van a quejar de lo impredecible e irracional de sus planes, quienes lo ven como un tirano se van a quejar de la evidente tendencia comunista del diálogo y la subjetividad con la que se retratan los protagonistas de uno y otro bando, a quienes les guste el cine se van a encontrar con unas actuaciones flojas, con una edición perversa que hace recordar a los cronotrones de Futurama pero se van a sentir premiados con la escena del fusilamiento y con el cameo de Matt Damon. Depronto los ciegos seguidores de la Revolución y uno que otro boliviano se pueda sentir enteramente satisfecho.

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Categorías:Cine & TV, Para evitar

1 respuesta

  1. Mal haciéndole la tarea al lector poniendo un link del significado de cameo.

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