Garcia

Garcia tiene un buen gancho porque hasta yo caí, la atmósfera del cartel hace pensar en un drama de gente, de esos en los que los personajes importan más que el argumento. Su reparto parecía confirmar esa esperanza, se hicieron con buenos nombres: Damián Alcazar, Margarita Rosa de Francisco e incluso Fabio Iván Restrepo, quien siempre hace el mismo papel pero lo hace bien, eran garantías de una buena película y lo era hasta que la idiosincracia no se aguantó estar escondida, a Garcia se le salió lo colombiano en el peor momento y lo que hubiera podido ser un buen drama termina siendo la caricatura de siempre.

La primera media hora prometía. Se empezó a trabajar en los personajes con la introducción de Garcia, un celador que trabaja para comprarse una casa, que tiene una esposa a la que quiere con sus limitantes y que tiene pasiones ocultas por la agricultura. La escena del cumpleaños en la pizzería cumple con la madurez de ambos personajes principales sin casi recurrir al dialogo, desde ese instante la relación de Garcia y Amelita queda al descubierto como una disfuncional, como inviable; después con la de la sorpresa de la casa y el descontento silencioso de ella, las distancias entre ambos se hacen manifiestas. Todo iba bien. Después nos presentan a Gomez, el policía venido a menos, el dicharachero y alcohólico que parece necesitado de un amigo pero no sabe como pedirlo, varía entre la amenaza y la amabilidad y al final a Garcia no le queda otra que aceptarlo en su vida no como un amigo sino como un instrumento. Todo iba bien.

Luego cuando ocurre el secuestro de Amelita la historia empieza a debilitarse, los personajes se pierden en los virajes de siempre y el espectador pierde el interés. Principalmente porque desde el momento del secuestro ya  sabíamos que iba a ocurrir, era obvio, tan obvio que el tagline de la película, “¿qué pasó, le rompí el corazón o qué?”, nos cuenta el final de la película. Es como si el tagline de Sexto Sentido hubiera sido “Bruce Willis está muerto”.

Sin nada para la sorpresa nos quedamos con lo mismo de siempre: con el chiste flojo, con los virajes inverosímiles, con la escena de sexo innecesaria. Espero que algún día el cine colombiano reorganice sus prioridades, que se de cuenta de una vez por todas que la historia, el argumento, los personajes, la producción es más importante que el destape y que el chiste flojo.

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Categorías:Cine & TV, Para evitar

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