Oceans (Océanos)

A mi me gustan los documentales y me gustan desde siempre los documentales sobre los animales, El último Banquete de los Cocodrílos, es mi favorito y disfrute mucho El Viaje del Emperador. Esperaba una experiencia similar con Océanos pero salí defraudado, los documentales de antes señalaban lo maravilloso de la naturaleza y esperaban que esto bastara para ‘generar conciencia’, Océanos gasta una hora y falla miserablemente en mostrar lo maravilloso del mar con escenas repetidas: la misma escena de la ballena saltando, la misma escena de los delfines marchando, la misma escena de la orca comiendo foca, la misma escena de los leones marinos durmiendo, la misma escena de los pingüinos y como se ve en problemas para ‘generar conciencia’ va de una y sin aviso a la sangre, a los desmembramientos y a las focas nadando en plástico, ¿era necesario? en un documental sobre la naturaleza mostrar escenas de ese calibre es un pecado que no se debería perdonar, es como si cada vez que una película quisiera ser erótica recurriera a la pornografía.

Qué no los engañe lo que se dice en todo lado, Océanos es una película intrascendente, que se puede dejar pasar sin remordimiento. En sus casi dos horas no muestran, ni enseñan nada que no se haya visto antes, pero eso si, añade una nueva imagen al ya de por si amplio catálogo de horrorosas muestras de maltrato a los animales: una escena implacable de un tiburón sin aletas que reemplaza en nuestra memoria cualquier otra escena de este documental aburrido, largo e innecesario.

Durante casi una hora, Océanos nos muestra sin cohesión alguna imágenes de animales marinos que recuerdan a las demostraciones que hacen las grandes tiendas de sus televisores de pantalla gigante: música clásica incidental y tomas espectaculares, repetidas pero espectaculares, de distintos animales. Como para disimular un poco la falta de fondo, de vez en cuando se escucha una narración igual de incoherente que habla de la conquista y de las exploraciones y de la irresponsabilidad y etcétera que no aporta nada al desarrollo del documental. Hasta ese punto uno es testigo de un documental aburrido que no aporta nada, que no enseña nada pero que al menos no provoca pesadillas. Hasta la escena del tiburón.

Después de la desafortunada escena ya el hilo se encuentra pero es demasiado tarde: el mismo regaño de siempre, el mismo mensaje de extinción y de irremediable aniquilación de la que el hombre es responsable y uno sale con el mismo sentimiento de impotencia. ¿Qué hago señores productores de Océanos para no sentirme mal con lo que le pasa a las criaturas de los océanos, me uno a los salvadores de ballenas, asesino con arpón a algún japonés, dejo de comer atún?

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Categorías:Cine & TV, Para evitar

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