Saluda al Diablo de mi parte

Los hermanos Orozco ya habían conseguido filmar un calco (¿homenaje?, ¿copia?) de una película de terror oriental, de las que estuvieron de moda algún día con Al Final del Espectro y ahora, con Saluda al Diablo de mi Parte, lograron con la misma suficiencia calcar (¿homenajear?¿copiar?) un western con visos de peliculón de acción qué cae bien, salvo por ciertos detalles incómodos.

La historia es una simple y qué no importa quien la filme o quien la actúe debe funcionar aquí o en la Conchinchina. Las historias de venganza tienen la particularidad de caer bien entre su público, es muy difícil qué alguien no se sienta instantáneamente envuelto en una historia como estas. Funcionó con las nueve partes de Retroceder nunca Rendirse Jamás y ha funcionado con los Westerns desde siempre. Ahora, para que nuestro público, el colombiano, aquel del que deben alimentarse Ciro Guerra, los hermanos Orozco y todo realizador nuevo, se interese por una historia de venganza no hay que hacer mucho: dar un motivo para vengarse y dejar rodar la violencia. Fin. ¿Pero qué giro se le puede dar a una película colombiana para echarla a perder entre la gente? si su respuesta es “mezclar la violencia con una trama de narcotráfico, guerrilleros, paracos o militares” está en lo cierto. Es increíble que se haya decidido entrometer nuestra puerca realidad en una obra de ficción que no la necesita. Es increíble que un realizador colombiano no se sepa de memoria el cliché de nuestro público, la máxima del colombiano cuando opina sobre nuestro cine: “siempre lo mismo”.

Encerrar la historia de Saluda al Diablo de mi Parte dentro del marco de la Ley de Justicia y Paz es un desacierto total y ¿cuál es el resultado? salas vacías. Y ese marco falla por varias razones. sí, puede que dé las bases para el conflicto de uno de los protagonistas, pero por otro lado trata de vendernos una etiqueta que no cuadra, los noticieros se han encargado de crear un biotipo del guerrillero, del secuestrador, del enemigo público. No podemos ahora pretender cambiar la etiqueta y vender a un guerrillero como un bohemio de buena pinta que lleva a sus hijas a clases de música. Qué tiene hijas. Qué habla francés. Así, los noticieros, sean también obras de ficción.

Un prólogo es el peor error de una película con muchas cualidades, las actuaciones son justas y sobresalen en especial las de Carolina Gómez, Ricardo Vélez y Salvador del Solar (excepto cuando les da por gritar y escupir al tiempo). El ritmo y la narrativa están a medio camino entre los western y las películas de acción, y tal vez otro de los problemas de la película es que el clímax (el enfrentamiento entre Ángel y el policía) se alcanza cuando aún hay mucho qué contar.

Por todo lo demás, qué créanme en mucho más, da para pasar un muy buen rato en el cine, cosa que viendo una película colombiana resulta bastante difícil.

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Categorías:Cine & TV, Para ver

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