Man on a ledge (Al borde del abismo)

Al borde del abismo debería ser enseñada en las carreras de actuación en todas las latitudes del globo, porque no hay mejor manera de aprender que del error ajeno.

Al borde del abismo es la historia de un ex convicto (Sam Worthington) que fue acusado de robar un diamante y tiene un plan para limpiar su nombre (sorprendentemente el plan incluye robarse el diamante). la mayor parte de la historia se desarrolla en la cornisa de un edificio lo que la hace poco apta para el público que sufra de vértigo. La forma en la que está narrada recuerda a Phone Booth (Última llamada en español) esa película en la que Collin Farrell queda atrapado en una cabina telefónica y justo por esa comparación es que resulta tan lastimosa la actuación en Al Borde del abismo, a Worthington (Furia de Titanes, Avatar) le tocaba soportar en sus hombros el peso actoral de gran parte del filme y lamentablemente no da para tanto y para completar, cuando el aburrido de Sam no está en pantalla, nos toca aguantar la lastimosa interacción entre el hermano del protagonista (Jamie Bell) y su novia (Genesis Rodriguez), una pareja sin alma. Si el guion no se la pasara recordándonos que son pareja no habría nada que nos hiciera sospechar que lo son: la química entre ambos no existe.

Sumado a las actuaciones carentes de espíritu se suman esos detalles del guion que lo hacen a uno trasportarse a esas producción de acción de Hong Kong en la que los personajes se construyen con clichés. Por ejemplo, David Englander (Ed Harris) por ser el villano tiene que fumar puros y tiene que tener un acento (que va y viene) entre alemán y danés y Lydia Mercer (Elizabeth Banks) casi siempre sale con una taza de café, porque eso es lo que hacen los policías que no duermen. Eso es lo que construye la personalidad de un personaje para los guionista de Al borde del abismo. Y eso que no me voy a detener a hablar de la actuación de Titus Welliver (no se preocupen, es un desconocido) quien hace el papel de un jefe de policía, que por mucho es el peor actor en una película que destaca por estar mal actuada.

Puede que la película esté bien filmada y que la premisa sea interesante, pero las actuaciones son tan planas que arruinan cualquier intento por interesarse en el destino de los personajes. Para comentar quedan un par de escenas a las que por puro juego de cámaras el público fijo va a reaccionar con un “wow!” o un “juas!” pero nada más va a resulta ni sorprendente ni emocionante.

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Categorías:Cine & TV, Para evitar

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