Mis maestros en el amor

En la revista arcadia del mes de septiembre salió una publicación que hablaba acerca de la  educación sentimental en América latina, según el análisis del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. El articulo es bastante aburrido pero sí dice algo que es cierto, al señalar que “¿si en los colegios no hay profesores de sentimientos, si en las familias poco se nos enseña sobre el amor, si nadie nos prepara para una pena, quién se ha hecho cargo de educar nuestros afectos?” a mi se me ocurren varios: las telenovelas, el reggaeton y hasta las redes sociales.

maestro en el amor

En mi caso personal ni amo ni odio las telenovelas, se que existen porque las personas las ven, mi educación jamás se centró en la televisión, ya que mi hermana mayor era una adicta a cualquier programa, por lo que mi padre me inculcó amor por la lectura y  a través de está veía el mundo con otros ojos, sin embargo, jamás me hablaron del amor y mucho menos del sexo, creo que a la fecha sigue siendo un tema tabú en mi casa, a tal extremo que siempre idealicé el amor por lo que leía y pensaba que era sinónimo de sufrimiento y abnegación hasta que finalmente conocí el sexo por el libro “Como agua para chocolate” y la primera vez que pregunte que era “masturbación” lo busque en el diccionario “Lexis 22” el cual lo definía como “el acto de auto complacerse así mismo”.

Se imaginaran en colegio de monjas y con padres reservados, lo que ocurrió la primera vez que creí estar enamorada, di con un muchacho 4 años mayor el cual obviamente se aprovechó de mi inocencia y entendí a las malas que el amor no es como en los libros. Mi único acercamiento con las novelas que recuerdo con amargura, fue con “Betty la Fea”, a mis 13 años no era la más horrorosa ni la más bonita, simplemente era una niña normal , con anteojos y frenillos como muchas, pero de repente gracias al ingenio de Fernando Gaitán, pase de ser invisible a convertirme en la personificación de Betty, ni siquiera tuve que ver la novela: sabía lo que pasaba a través de la crueldad de los niños burlones que me ponían apodos.

Tiempo después supe que la fea de la telenovela se puso bonita, pero mi trauma solo pasó cuando me quitaron los frenos y empece a usar lentes de contacto. Mi experiencia con el reggaeton tampoco fue la mejor, en la universidad ya no era el patito feo y pasé del amor idílico y romántico, el cual nunca encontré, a uno más físico y terrenal, bailando champeta y creyendo que seducía moviendo las caderas, con amigas cuyos maestros del amor eran Wisin & Yandel, Aventura y Don Omar. Hoy en día me pregunto  varias cosas: ¿Cómo sería mi vida si a mis 13 años, mis padres me hubiesen hablado del amor y del sexo y si Fernando Gaitan en vez de  burlarse de las características comunes de gran parte de la población hubiese creado como fenómeno sexual las mujeres con frenillos y gafas? ¿Cómo sería mi vida si en vez de bailar “restregon” hubiese estado de moda un baile de contacto menos erótico durante mi adultez temprana?¿Dónde estará mi Pedro Luis Antonio de la Vega, dispuesto a casarse con una mujer estrato medio? Si yo no estoy tan fea como para ser la mala de la película ni tan buena como para ser la protagonista, ¿cuál sería mi papel en una novela?.

Creo que las telenovelas están en vía de extinción o por lo menos las románticas, ya que los jóvenes de hoy en día, viven mas drama que Corin Tellado con el beneficio que les da el reggaeton de acceder a todo fácil sin necesidad de tener que esforzarse por el amor de una mujer.  Sin embargo, la culpa no es de la música, ni de las novelas, ni de los medios, creo que todo empieza en casa y así como nos enseñan una buen higiene bucal o a amarrar los zapatos, deberían enseñarnos una buena educación en el amor, para que antes de que nos llegue tanta porquería, tengamos el criterio de entender de qué va la vida, de cómo funciona el mundo y estemos preparados para el amor y sus otros demonios. Por mi parte, me aterra un poco pensar que le transmitiré a mis hijos cuando llegue el momento, porque si lo hiciese a través de mis experiencias y del modo en que me toco aprenderlo crearía una guardería de niños caóticos y con miedo al amor, lo que si tengo claro es que la clave está en inculcar amor propio, respeto por el otro y criterio para que el día en que crezcan escojan cómo, con quién y cuándo hacerlo, porque soy consciente que de no hacerlo yo, correré el riesgo que mi pelirrojita sin calzones busque en Internet que es masturbación y le salga un vídeo de Nacho Vidal explicándole lo que no quise enseñarle yo.

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Categorías:Opinión

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