La fuerza del argumento (Parte I)

Mi padre siempre solía decir ‘No alces tu voz. Mejora tu argumento’

No mi padre, sino el padre de Desmond Tutu, clérigo Anglicano, Premio Nobel de Paz por su lucha frente al Apartheid. Esta frase circula por internet en los múltiples memes inspiradores y motivacionales de los que somos víctimas todos los días. No sé si quienes la difunden diariamente mejoran la calidad de sus propios argumentos.

Al ser negro, es difícil imaginar al Señor Tutu padre, esgrimiendo su frase frente a los racistas segregacionistas blancos, que siendo una minoría, tuvieron el poder y negaron a la población negra el acceso a los derechos sociales, políticos, sanitarios, etcétera. Como suele suceder, la negativa de la población en desventaja era fuertemente reprimida por quienes poseían el poder, que también poseían el control del ejército y la policia oficial y no escatimaban en el uso de la fuerza. Menos en unos hombres y mujeres que ellos consideraban inferiores.

En todo caso la frase no sólo es bonita e inspiradora, sino que tiene mucho sentido. Pero sólo tiene sentido cuando los dos interlocutores son racionales y ejercen el respeto a unas reglas básicas de racionalidad en la argumentación propia y la del otro. Cuando se respetan el uno al otro.

Dicho esto, entro al punto de este artículo, que es la repugnante campaña electoral que transcurre por estos días. La última novedad de esta campaña es la confirmación de la presencia del candidato Zuluaga en un presunto centro de interceptación a la oposición, y propaganda uribista a través de redes sociales, cosa que él había negado al país en primera instancia. Ver el video

La respuesta de las filas uribistas no se ha hecho esperar: “Estos son montajes al mejor estilo del fraude chavista de Venezuela”, afirmo el dos veces exmandatario, y actual mandatario de Don Zuluaga, quien a su vez expresó “Este video (…) hace parte de un vulgar montaje, que ha sido preparado para manchar la campaña”.

Montajes, montajes everywhereMontajes, montajes everywhere

Esos son los argumentos. O gritos. O lo que sea. ¿En qué consiste el montaje? ¿La voz de Zuluaga es la de un imitador, mientras que su presencia está montada con alta tecnología computarizada? ¿El video es real, pero el audio es montado porque realmente el señor Sepúlveda le estaba mostrando los memes más chistosos y los videos virales de la semana?

Jamás el señor Uribe ni el Señor Zuluaga le explicarán técnica, científica y fácticamente en qué consiste lo que para ellos es un montaje. Porque no hace falta. No hace falta porque para los fieles uribistas es suficiente que su patrón diga que es un montaje, así no presente ni siquiera hipótesis del montaje. Y en cuanto a los uribistas tibios, los que se perdieron, se perdieron, y más les vale la pena buscar un comercial pegajoso, una manipulación informativa, un entuerto al rival, que los vuelva a acercar, que tener dar explicaciones largas, elaboradas, bien fundamentadas, probablemente imposibles y posiblemente improbables.

Como dijimos antes, esgrimir un buen argumento para ganar una discusión es válido cuando hay respeto. Y está claro que los políticos no nos respetan.

Este irrespeto, voluntariamente aceptado por todos, se da porque en Colombia no hace falta un argumento. Y no hace falta un argumento porque no somos una sociedad de argumentos. Somos una sociedad de emociones.

Y eso lo saben nuestros gobernantes.

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Categorías:Opinión, Política

1 respuesta

  1. Análisis breve, directo y conciso! Una lastima que no todos puedan pensar de esta manera.

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