Cómo identificar a un mamerto

Hay quienes piensan que ser de izquierda es suficiente para ser un mamerto, no, esa es una generalización injusta con todos los opinadores de izquierda que merecen atención y respeto. Aunque todos los mametos son zurdos, no todos los zurdos son mamertos. Para ser mamerto se requiere de ciertas características que los convierten en esos seres odiosos y detestables que tanto nos justa ignorar mientras hacen ruido, ¿cuáles son esas características?

Un mamerto no puede ver a nadie feliz. La infelicidad es el pilar de la filosofía mamerta, alguien feliz pone en entredicho su creencia de que el sistema es una mierda, que nos explota y que nos absorbe el alma y nos convierte en autómatas al servicio del imperio. Si durante alguna reunión usted manifiesta lo feliz que le hace, digamos, ir a a cine, cualquier mamerto entrará en estado de alerta: primero alguien manifiesta felicidad y segundo a alguien le gusta el cine (que no es más que propaganda del imperio). Acto seguido el mamerto le hará saber a usted cómo es imposible ser feliz mientras en el Chocó alguien muere de hambre con comentarios del tipo “que bueno que puedas ser feliz mientras alguien muere de hambre en el Chocó” o te recordará que gracias al imperio no todos pueden disfrutar de tus comodidades, dirán algo como “si, yo conocía a alguien que también le gustaba el cine pero la ultraderecha lo desapareció”.

Ese es el peor tipo de mamerto, el mamerto de primer semestre. Pero hay mamertos más sutiles, un mamerto más experimentado no cambiará el tema de inmediato a la política de los años cincuentas, no, el mamerto con experiencia primero te hará saber que tus gustos no se comparan con los gustos sofisticados que él posee, dirá algo como “a mi también me encanta el cine, pero solo el Europeo” y luego de echar una retahíla de dos horas sobre películas que ni él ha visto, cambiará el tema hacía el imperio y la propaganda.

Si después de cualquier conversación te sientes desdichado, infeliz o molesto: haz acabado de conversar con un mamerto.

Con un mamerto no es posible debatir. Digamos que tu eres terco y por equivocación decides debatir con un mamerto: sin importar el tema no hay forma de que eso salga bien. Los mamertos solo escuchan razones de sus líderes mamertos y todos los demás están equivocados. ¿y que pasa cuando alguien intenta debatir con alguien que no escucha razones? que el debate se convierte en una seguidilla de falacias hasta que terminas derrotado e infeliz. Sus falacias favoritas son el hombre de paja, el Ad Hominem y las falsas implicaciones. Esta imagen/argumento mamerta tiene dos de esas falacias:

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Primero un hombre de paja: aquel que cree que un canadiense debe envidiar a los colombianos por ir a un mundial. Esa persona no existe, nadie en su sano juicio pensaría que Colombia es digna de envidia por el simple hecho de ir a un mundial, pero no importa porque igual el mamerto le contestará con una falsa implicación: Canada no va al mundial de fútbol por sus premios Nobel. ¿y qué si alguien trata de argumentar contra del mamerto? pues nada, Ad Hominem:

confundiste los fines

Llamar a un mamerto resentido es una redundancia.

Porque claro, no es que mi argumento sea falaz, si no que tú, lava perros del imperio, “confundiste los fines”.

Un mamerto no hace nada para cambiar al mundo, pero se siente superior señalando sus problemas. A parte de elecciones, la época favorita de un mamerto son los grandes eventos deportivos como el Mundial de fútbol y los Olímpicos, no porque ellos disfruten también del circo que nos regala el imperio si no porque es el momento de regodearse en su falsa superioridad señalando que ellos no están pendientes de esas cortinas de humo si no muy preocupados por lo que pasa en el mundo.

El Mundial de Fútbol de Brasil ha sido especial para los mamertos, porque con motivo de su celebración han estallado en las calles de Brasil protestas sin precedentes. Las protestas son justificadas y no quiero detenerme en ese tema, pero la gente no protesta contra el mundial ni contra el fútbol si no contra el gobierno corrupto que lo organizó mal. Para un mamerto en cambio, las protestas no son contra el gobierno de izquierda de Dilma (¡cómo podría ser si la izquierda de Brasil es ejemplo en toda mamertolandia!) si no contra el fútbol o contra la FIFA. Así es común encontrarse en Facebook o Twitter con mensajes del tipo: “Mientras tu disfrutabas del fútbol, esto pasaba en las calles” con imágenes de protestas y demás.

Mamertiando

 

La única diferencia entre quien veía el partido y aquel que veía las protestas es que estaban perdiendo el tiempo por canales diferentes, ninguno de los dos hacía ninguna diferencia. Pero al mamerto no le importa, el mamerto cree que rayar una pared hace la diferencia o que compartir día y noche arengas contra el imperio (por Facebook, obvio) o ver en vivo las protestas es suficiente para sentirse superior a los demás, borregos ellos del imperio.

Si usted identifica a un mamerto está bien dejarlos hablando solos o bloquearlos del Facebook y eliminarlos del twitter, los mamertos son como los testigos de Jehova: les prestas atención una vez y no te los quitas de encima nunca.

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Categorías:Opinión

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