Del patriotismo al nacionalismo.

No hay nada de malo en sentirse orgulloso de su país. Sentirse feliz del lugar en donde uno vive, orgulloso de su gente, sus costumbres y sus logros podría contribuir a aumentar el optimismo y la felicidad[1]. Y eso no es malo. Lo malo es cuando ese orgullo nos sirve como venda en los ojos para ocultar todos los defectos de nuestra patria, su gente y sus costumbres, esa venda es la diferencia entre el patriotismo inofensivo y el nacionalismo, que la historia tanto nos ha hecho notar lo perjudicial que resulta.

Colombia

Con el pasar del tiempo, los escenarios en donde se puede expresar el patriotismo han ido cambiando, antes, el escenario de la guerra era el escencial para demostrar tu orgullo patrio, ahora con menos guerras que involucren varias nacionalidades, el patriotismo se ha movido al plano deportivo. Claro, hoy hay muchos escenarios en los que podemos sentirnos orgullosos de nuestra nación, escenarios menos banales, pero que sin embargo no son tan universales como el deporte.

Que algún país ponga un robot en Marte,  por ejemplo, debería  ser un motivo de orgullo para sus habitantes, sin embargo, como en la carrera para poner robots en Marte solo ellos estaban interesados pues el trinufo pierde mérito patriota. Uno no puede ser patriota si no hay otras naciones afectadas por nuestra victoria y no se puede ser patriota si quien gana no es un reflejo de nuestro país. Por ejemplo, ganar un Oscar o un Nobel podría ser motivo de orgullo para un país entero sin embargo los logros científicos y los alcances artísticos son más bien universales e incluso cuando representan la naturaleza misma del país muchos podrían no sentirse felices de estar identificados en esas obras o avances (por ejemplo como sucedió con La Vendedora de Rosa de Víctor Gaviria, la película más importante del cine colombiano).

Así pues es el deporte en donde se encuentra en este momento el escenario perfecto para reflejar nuestro amor patrio y son tantos los deportes y tantas las competencias que es muy difícil estar ajeno a esos arranques patriotas. También es particularmente en el deporte en donde vemos la gran mayoría de arranques nacionalistas de esta época, unos que incluso llegan al actuar violento como ocurre con las peleas entre fanáticos del fútbol.

Y aunque no todos los arranques nacionalistas son necesariamente violentos, el nacionalismo incluso en su estado más inofensivo debe ser atacado, pues estar orgulloso de un país sin reconocer sus fallas no solo impide avanzar hacía un lugar mejor, si no puede llegar a los extremos de atacar hasta con violencia a aquellos que nos señalen las imperfecciones de nuestra patria.

Aprovechando ahora que terminó el mundial para Colombia hágase esta pregunta, ¿su repentino orgullo por nuestra selección y nuestro país es un orgullo patrio, del benéfico, del que lo hace sentir feliz y optimista o es más bien un arranque nacionalista que lo llena de ira cada que un medio internacional critica las fallas de la selección o sus jugadores? Yo personalmente he visto más de lo segundo que de lo primero.

[1] http://www.psychologicalscience.org/index.php/uncategorized/national-pride-brings-happinessbut-what-youre-proud-of-matters.html

 

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Categorías:La vida, el universo y todo lo demás, Opinión

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