La traición al fútbol: Comentarios sobre la Brasil semifinalista goleada ayer

La traición la emplean únicamente aquellos que no han llegado a comprender el gran tesoro que se posee siendo dueño de una conciencia honrada y pura.

 

Vicente Espinel (1550-1624) Escritor español.

 

La historia

Quienes como yo, amamos el fútbol y hemos escarbado en su historia para encontrar más motivos para amarlo, aún de fechas en las que no habíamos nacido o fuimos demasiado pequeños para recordarlo, nos hemos encontrado con historias tristes del fútbol, que no por tristes dejan de ser hermosas.

Una de ellas es la historia de selección de Brasil de 1982, protagonista del mundial de España de ese año. Una máquina de hacer goles y jugar bonito, que ante la aclamación general de propios y extraños cayó desplegando su mejor fútbol ante una selección italiana que a la postre sería la campeona de esa cita futbolística.

Selección Brasil de 1982. Campeones no. Leyendas sí.

No es en vano que los brasileros que vivieron la experiencia de ver jugar a esa selección épica la recuerden como una de las mejores selecciones de la historia del fútbol brasilero, aún por encima de, por ejemplo, la selección Brasil que resultó campeona del mundial de 1994, en aquella final estéril sin goles frente a Italia.

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo celebrar más a una selección perdedora que a una que fue campeona? Es tal vez porque aún sin la corona, aquella selección encarnaba lo que todos deseaban que sea su selección nacional. Ese juego interesante y entretenido, adornado del talento de muchas estrellas trabajando juntas, ese jogo bonito reflejaba el espíritu alegre del pueblo brasilero y su visión de la vida y el fútbol. Es por eso que no ha sido olvidada, a pesar de no haber ganado título alguno.

Por cómo es el desayuno se sabe cómo será el almuerzo

La imagen de delanteros brasileros arrojándose al piso es ya postal oficial de Brasil 2014

Pues bien: Ni bien comenzó el mundial Brasil 2014 y esta selección ídem ya empezaba a dar puntadas de menoscabo a ese juego bonito que no sólo Brasil sino el mundo futbolístico anhela. En el primer encuentro, frente a Croacia, sorprendidos por el buen juego de los europeos, llenos de figuras indiscutibles más el talento guía de su máxima estrella Neymar, lograron remontar un resultado adverso. Pero no alcanzó para más. Así, en algo que sería constante para varios jugadores del ataque brasilero, el delantero Fred se siente tocado en el área, y sin que el contacto sea significativo para desequilibrar siquiera a un joven saludable, él, un atleta profesional, se lanza al piso. No bastó la localía, el talento propio y de compañeros, y la propia determinación para ganar dicho partido: había que fingir para ganar el favor del árbitro, quién decretó el penal que resultaría en gol de la victoria brasilera.

La clasificación

Una Brasil cuestionada por su juego en conjunto casi nulo y su frágil defensa avanzaría hasta cuartos de final a través de los tiros desde el punto penal, frente a Chile, partido que en el trámite normal terminó uno a uno.

El gol de Brasil había sido logrado a través de una pelota quieta iniciando el partido: tiro de esquina, marcas arrastradas al primer palo, defensor libre para rematar en el segundo, y el defensa chileno Gonzalo Jara la envía a su propio arco en el esfuerzo por despejar.

Brasil se salva en octavos.

Chile empataría el compromiso, y desplegaría un juego con una defensa comprometida y un arquero inspirado; y en ataque, colectivo, ágil e interesante contra una titubeante defensa brasilera. De hecho los australes tuvieron para liquidar dicho partido con más claridad que los brasileños, incluyendo un remate en el travesaño, ya para terminar el segundo tiempo extra. La suerte de los penales (que no es suerte sino precisión) determinaría el paso de Brasil a cuartos de final y la eliminación del buen conjunto chileno.

Otro jogo bonito

Colombia sería el rival de esta regular selección Brasil. Era una selección equilibrada que tenía aquello que le faltaba a Brasil; a saber, un juego alegre y entretenido practicado por jugadores talentosos que jugaban en equipo, y aunque había mostrado alguna debilidad defensiva había llegado a dichas instancias sin contratiempos mayores. Esta selección era liderada por el desborde de José Fernando Cuadrado y James Rodríguez, este último considerado por muchos, hasta el momento, la revelación del mundial.

Jogo bonito made in Colombia. Y un poquito, Argentina.

En el papel, era un encuentro que el fútbol se merecía. Por tradición la escuela colombiana ha admirado a la argentina y sobre todo, a la brasilera de otras épocas. No había colombiano que no hubiera torcido alguna vez a favor de la verdeamarelha, y muchos habrían apoyado a Brasil si no hubiera estado Colombia. Este sería, sí, un regalo para los ojos de quienes amamos el balompié.

El clímax de la traición

En el terreno fue todo menos eso. Un gol tempranero de Brasil anotado por el defensa Thiago Silva, copia del marcado a Chile. Una Colombia nerviosa pero decidida a remontar. Y en cada intento colombiano, bueno o malo, un empujón, una falta, una obstrucción, una pata dura de un brasileño. Ninguna amarilla. Por momentos el juego duro brasileño contagia a todos. Un riesgo que Brasil no calculó y que pagaría más tarde con la lesión de su único heredero del Jogo Bonito: Neymar Jr.

Segundo tiempo. Más juego rudo. Falta de James, que algunos aún discuten si fue o no. Tiro libre para Brasil y amarilla inmediata para Rodriguez, quien había recibido al menos cinco faltas iguales sin castigo para los infractores. Otro defensa brasileño, David Luiz, cobra el tiro libre con virtuosismo. Gol de Brasil.

Con el segundo gol Colombia despliega su mejor juego. La respuesta brasilera es más faltas, más pata brava, y cuando es necesario, botar el balón a la tribuna con la complicidad de la afición que ovaciona cada vez que un zaguero realiza estos despejes.

Colombia juega mejor aún. Gol de Colombia. Anulado. Penalti para Colombia. Gol de Rodriguez, faltando 10 minutos para el final reglamentario. A estas alturas ese Brasil desdibujado que provoca faltas, que hace otras tantas, que bota el balón, no es el mayor enemigo de Colombia, sino el paso inevitable de los segundos.

El “jogo bonito” del Brasil de Scolari y sus muchachos

Es verdad que la responsabilidad de la derrota colombiana fue enteramente colombiana. Pero la responsabilidad de que Brasil vejara su fútbol y su historia nació en la cabeza de su técnico, Scolari, y germinó en los jugadores brasileros con el aplauso de su afición; que ya entrada en gastos prefirió el resultado sin importar los medios y por eso aplaudía cada vez que un zaguero brasilero pusiera el balón no lejos del alcance del portero en la red rival, sino en cualquier parte, preferiblemente lejos del alcance de los recogebolas.

Termina el partido. Victoria Brasilera. Colombia eliminada, recibe el consuelo de algunos hidalgos jugadores brasileros y el aplauso del respetable, que vio con preocupación el fútbol de Colombia y vibró con alegría los goles de Brasil. Los jugadores colombianos serían recibidos como héroes en su país. Lo que es la Selección Brasil de 1982 para el brasilero que sabe de fútbol, es para el colombiano su selección del mundial de Brasil 2014. Ninguna de los dos llegó a las semifinales de las citas mundialistas mencionadas. ¡Pero cómo jugaban de bonito!

Con la renuncia a un juego talentoso en pro del control del adversario a través de faltas y juego al límite, Brasil había traicionado impunemente a su generación futbolística anterior. Y traicionó el fútbol en el mundial que se jugaba en casa.

Recuerdo la película “Entrevista con el Vampiro” cuando el villano Lestat, un perverso vampiro, reprime a su hija: “Estás loca. Contaminas la mismísima casa en que vivimos”. Eso hizo este Brasil: Beber de la sangre del fútbol de los buenos (o malos) equipos para sobrevivir. Y no se sonrojó siquiera, al contaminar su propia casa de este mal fútbol.

“Filipao: Contaminas la mismísima casa en que vives” – Lecciones de ética e higiene de un vampiro.

Antes del partido con Colombia, no en vano, Neymar, su jugador más talentoso había sentenciado: “Si Brasil tuviera que ganar medio a cero y sin dar show, entonces no hay problema”. La traición a su fútbol, a su historia, y a su mundial era voluntariamente planeada y ejecutada. Era el Plan A. Y hasta el momento había dado resultados.

Los riesgos del jogo sucio

Una consecuencia que no previó Felipe Scolari, técnico de Brasil, es que su táctica de faltas indiscriminadas a los jugadores rivales cuando estos amenazaren desequilibrar, mal conocidas como faltas tácticas, podría contagiar a un equipo que estuviera nadando contra corriente, y en la misma tónica, uno de los suyos salir lesionado.

Al final del partido, Neymar Jr. recibió una fuerte entrada del colombiano Camilo Zúñiga en su intento imprudente de ganar un balón que era del paulista. Diagnóstico: fractura de vértebra. Nada comprometedor por la ubicación específica de la fractura en la vértebra, pero suficiente para privar a Brasil del único heredero de Zico, Sócrates, Falcao y Toninho Cerezo, entre otros grandes, así ya estuviera viciado por la propuesta táctica de Scolari.

El riesgo de tirar un búmerang

Neymar alienta a su selección desde su convalecencia, y a su vez, sus compañeros lo nombran como un motivo más para lograr el triunfo en semifinales ante la siempre peligrosa selección alemana.

Cae la máscara.

Semifinal en el Mineirao. Brasil llegaba a este partido sin haber marcado gol en segunda ronda con balón en movimiento. Es decir, durante más de 210 minutos sin gol que no fuera de pelota quieta.

Pelota quieta. Esta vez favorece a Alemania. La misma jugada con que Brasil abrió el marcador frente a Chile y Colombia, la realiza a la perfección Alemania. Cero a uno a los 11 minutos de juego.

Como haberle quitado la baraja más importante de un castillo de naipes, el equipo Brasilero se viene abajo. Todas las debilidades defensivas e incapacidades ofensivas se develan. Dos cero, tres cero, etcétera. Son cinco al final del entretiempo. Brasil intenta generar juego en la segunda parte. Ya es demasiado tarde. Crea opciones de gol, pero en frente tiene al mejor arquero del campeonato. Seis cero. Son siete ahora. Sólo en el minuto noventa, Brasil descuenta.

Vergüenza, titula su prensa. La verdad, es que este es sólo uno más de los partidos vergonzosos que jugo ésta Brasil, sólo que sin la máscara de los buenos resultados, que hasta ahora, habían cubierto la verdadera faz de esta selección.

Y nosotros ¿Por qué celebramos?

“Me cuentan que en Colombia están felices, dicen que es venganza, justicia divina y le agradecen a Alemania. Más perdedores que nunca” – Adolfo Zableh

Es verdad la alegría de la que habla el periodista Zableh, gracias a la contundente derrota brasilera. Pero no alcanza a entender el motivo de esa derrota, por lo que juzga con ligereza esa actitud.

Ya otras selecciones nos habían eliminado en el pasado. Camerún en el 90. Rumania y Estados Unidos en el 94. Rumania e Inglaterra en el 98. Cuando cada uno de estos equipos salió en cada uno de esos mundiales, ni una sonrisa. Ni nada. Nadie celebró.

La diferencia consiste en que estos equipos nos ganaron y eliminaron, pero ninguno de estos jugó contra nosotros con la forma tan miserable, mezquina y sucia que nos enfrentó deliberadamente el seleccionado Brasilero el pasado 4 de Julio en Fortaleza.

Es esa la justicia que clama haber recibido la gente colombiana. Que ni siquiera es para ella, porque los nuestros siguen eliminados. Es una justicia para el fútbol. Y es esta justicia la que se celebra. Con orgullo nacional.

Brindemos por el buen fútbol. Salud !

Y es que este fútbol mezquino del Brasil de Scolari no merece quedar más en los anales del fútbol, ni en los trofeos de los campeones.

Podrá decir alguien “Entonces qué querían ¿Qué Brasil hubiera jugado un juego que les convenía a ustedes?”  No. Pero sí un juego limpio.

Alguna vez le preguntaron al funesto y difunto líder guerrillero Tirofijo que por qué su organización criminal insistía en el uso de minas antipersonales, esas que dejaban muertos o amputados a tantos civiles en Colombia. Este señor respondió que sí lo qué se pretende es que ellos abandonen las armas no convencionales en favor de las convencionales, las que respetan el derecho internacional humanitario, aceptadas por los estados y por el Ejército de Colombia, no lo haría: que no renunciaría a las minas quiebrapatas, por la sencilla razón de que a ellos les funcionaba. Más allá de los mutilados y muertos, militares y civiles. Y atribuía el legítimo interés que estos artefactos se eliminen a un simple deseo del ejército de derrotar su organización criminal.

Haciendo el paralelo, lo que no le perdonamos a Brasil es la adopción de un juego sucio e irrespetuoso del buen fútbol y de sus practicantes y seguidores. Nos alegramos porque ese juego perdió, y porque probablemente el fracaso de este Brasil se constituya en un momento ejemplarizante para el mal fútbol, para que quede erradicado de los mundiales, sobre todo en las selecciones que lo tienen todo para jugarlo bien, como la selección brasilera. Un equipo que, al menos contra nosotros, no fue más que una selección quiebrapatas.

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Categorías:Deportes

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