El progresismo y su apología al terrorismo.

El 7 de énero de 2015 una pareja de terroristas musulmanes entró al edificio del períodico francés Charlie Hebdo y asesinó a 12 personas a sangre fría. Estos hechos han sido condenados en todo el mundo y ha despertado una preocupación por la salud de la libertad de prensa que se ve amenzada por el actuar de estos grupos extremistas.

Pero aunque digo “en todo el mundo”, aun se escuchan voces que no solo no condenan el atentado si no que directamente hacen apología al terrorismo, excusandose en una aparente conextualización del hecho. Esta voces han surgido de distintas vertientes de pensamiento, como es obvio, el conservadurismo religioso ha salido a manifestar su opinión, condenando en voz baja las matanzas, pero argumentando que Charlie Hebdo, con su característico humor satírico, se lo tenía merecido. En esos términos se refirio por ejemplo la Liga Católica sobre los hechos. Y aunque no deja de ser doloroso este tipo de respaldo que encuentra el terrorismo, uno se espera este tipo de respuesta viniendo de unos enemigos consumados de las libertades individuales como los católicos.

Lo que uno si no espera encontrar es que medios alternativos, que se dicen progresistas, rebeldes, en ocasiones anarquicos, también apoyen este actuar que atenta contra la libertad que ellos en muchas ocasiones han dicho defender. La Revista Hekatombe por ejemplo justificó el ataque con una sola frase: “Al que está quieto, se le deja quieto”. Como si no fuera el papel de la prensa precisamente el de molestar a lo que está quieto, si nos atuvieramos a esta máxima en nuestro país no se habrían destapado hechos de corrupción como Agro Ingreso Seguro o hechos tan aberrantes como los falsos positivos, claro, también estaría entre nosotros el valiente Jaime Garzón, famoso por no querer dejar quieto, lo que esta quieto.

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Pero tal vez el discurso pro odio que más vueltas ha dado en estos últimos días ha sido el escrito por el muy libertario José Antonio Gutiérrez Dantón, su escrito “Yo no soy Charlie”, ha sido compartido por medios progresistas del corte Rebelión o Agencia de Prensa Rural, pero también en otros medios menos subterraneos como Las 2 Orillas. La línea del escrito se resume en que los ataques terroristas son una manifestación del pueblo árabe contra las injusticias cometidas por occidente.

Esta linea de pensamiento es muy propia del progresista promedio que ve en el imperialismo gringo al enemigo a vencer, hecho que le nubla por completo la comprensión del mundo. Y no solo le pasa a escritores semi anónimos como José Antonio Gutierrez, si no a personajes brillantes del calibre de Noam Chomsky, personajes que están en pie de lucha para denunciar los ataques realizados por el imperio (estos si que no admiten ningún tipo de contextualización o análisis: son espiritualmente malignos y sin ningún matiz) pero se enconden en la sombra o directamente defienden sin vergüenza los ataques realizados por los extremistas de oriente. Esta forma de pensar es la clásica falacia de que los enemigos de mis enemigos, son mis amigos.

Dice José Antonio por ejemplo en su apología que “Charlie Hebdo … es, fundamentalmente, un monumento a la intolerancia, al racismo y a la arrogancia colonial”. Si se hubiera detenido José Antonio a revisar de que se trata Charlie Hebdo, se hubiera dado cuenta que su linea editorial se encuentra justo en la orilla contraria de la intolerancia, el racismo y lo que el denomina “arrogancia colonial”. Pero claro, para un progresista que Charlie Hebdo se burle igual de la ultra derecha racista y xenofóbica de Francia o de las posturas homofóbicas de la iglesia católica pasa a segundo plano si se mete con los “defensores de la libertad” que son los musulmanes radicales, ellos, al contrario que los demás blancos de la revista, son intocables a los ojos del anti imperialista promedio.

Dice José Antonio que él no es Charlie, porque “No me identifico con la representación degradante y ‘caricaturesca’ que hace del mundo islámico”, dejando claro que hace parte del mundo islámico decapitar infieles por ejemplo (que ha eso hacía referencia la caricatura que desató en últimas la masacre) o conspirar para imponer teocracias al rededor del mundo como pretendieron hacerlo los Hermanos Musulmanes en Egipto.

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El argumento más falaz al que recurre el escritor es equiparar una burla al radicalismo islámico con una afrenta al pueblo árabe. A mitad de su diatriba contra la libertad, ya José Antonio no habla más de musulmanes si no de árabes. Claro, ese giro es necesario puesto que burlarse de un musulman no es racismo (pues el Islam no es una raza) mientras que hacerlo de un árabe si lo es. Charlie Hebdo no se burlaba de los árabes cómo pueblo como José Antonio quiere hacernos creer, se burlaba del Islam como una doctrina de odio, y como ya empezó a llamarlos árabes aprovecha para justificar la matanza como una venganza al colonialismo francés en Medio Oriente y África.

El radicalismo islámico tiene dos enemigos poderosos en este momento: occidente como es obvio, pero también a los pueblos árabes. Se olvida convenientemente José Antonio, que la mayoría de víctimas del terrorismo islámico no están en los cafés de Australia o en los semanarios franceses: están en las escuelas pakistaníes, en las veredas nigerianas y en las zonas kurdas de Iraq. De defensores de la libertad, los terroristas musulmanes (ISIS, Al Qaeda, Hezbollah, Hamas, Boko Haram) no tienen nada, pues las principales víctimas de su actuar son los habitantes de los países donde se enquistan como un cáncer.

No podía dejar pasar José Antonio la oportunidad de recordarnos una portada de Charlie Hebdo que a los “bien pensantes” de todo el mundo dejó impactados y en la que se escudan disimuladamente para celebrar la masacre. Concluye que la muerte de los caricaturistas franceses está justificada, porque ellos se burlaron de una masacre perpetrada según él, por una “brutal dictadura militar” en Egipto, lo que no nos dice, es que esa respuesta (brutal sin duda) es la respuesta de un gobierno que acaba de salir de una revolución defendiendo su democracia de las intenciones totalitaristas de los Hermanos Musulmanes y sus intereses de convertir Egipto en una teocracia.

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Pero claro, en el mundo a blanco y negro de los progresistas ellos tienen muy bien identificados a los malos y a los buenos: todo lo occidental es malo, incluso nuestra libertad de expresión y todo lo oriental es bueno, incluso los avances (estos si un poco coloniales e imperialistas) del extremismo musulman. Los hechos de los primeros no resisten ningún análisis ni matiz, lo de los segundos en cambio, deben ser defendidos, contextualizados y analizados hasta hacerlos parecer una respuesta al imperialismo gringo.

Bonito progresismo el que nos tocó vivir.

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Categorías:Opinión

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  1. ¿por qué nos podemos burlar del Islam pero no de los judios? | Esquina Dorsal

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