El problema de no saber amar.

Bogotá amance con la noticia de la muerte de una patrullera de la policia a manos del que fuera su ex pareja. El hecho ocurrió en la sede principal de la Policía, uno de los sitios más custiodados de la ciudad, además de triste y lamentable, son preocupantes dos cosas: la poca atención que presta la policía a la psicología de sus miembros y la poca capacidad de reacción ante la crisis (la asesinó, hirió a un compañero y alcanzó a dispararse a si mismo, todo en un sitio repleto de agentes). Pero más allá del hecho de inseguridad y de los protagonistas, el tema de la ex pareja asesina es tan común que preocupa.

Los medios de comunicación están repletos de hechos como este, de homicidios, que según la redacción judicial, obedecen a causas “pasionales”. Estos casos estremecen porque todos tenemos gente a la que amamos y resulta doloroso pues imaginar que ese amor se convierta en gasolina para un acto tan vil como el asesinato.

Tal vez estos hechos ocurren porque somos una sociedad que no sabe amar. Son muchos los casos en los que el amor se vuelve sinónimo de co-dependencia, en el que amor se convierte en adoración y en sumisión. Tratamos al otro como una deidad y puede que estos casos de los crímenes pasional sean solo la manifestación extrema de esta conducta, pero creo yo que son miles los ejemplos de mal amor los que nos rodean.

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Uno de los casos en los que mejor se evidencia este tipo de amor/adoración es en la crianza de nuestro hijos. Muchos padres no sabemos en qué momento se deja de amar a un bebé y se pasa a adorlarlo. Los sintomas también se ven a diario: padres que se rinden a la voluntad de sus hijos, como si de pequeños dioses se trataran. Ya los horarios no obdecen a las necesidades de la familia por ejemplo, si no a las necesidades de los pequeños: se come cuando ellos quieran, se duerme cuando ellos quieran, se sale, se entra, se juega, siempre a su ritmo y bajo sus condiciones. El papel de guía (en últimas, el papel más importante de un padre) se cambia por el de subdito. Las consecuencias también más de uno las sabrá reconocer, cuando el niño se encuentra en otro ambiente en donde él no es el centro absoluto de la atención comienzan los problemas de comportamiento, los reclamos y las reacciones incluso muchas veces violentas.

Ojalá este tipo de casos sean una oportunidad para que sepamos identificar en qué tipo de relación estamos, para que podamos identificar si nuestro amor por nuestro seres más cercanos es uno saludable para todas las partes o si se trata más bien de una relación dañina.

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Categorías:Opinión

1 respuesta

  1. Yo creo que más que co-dependencia, adoración o sumisión y a riesgo de sonar como hippie mugroso, lo que sucede es que la gente confunde amor con posesión, y desgraciadamente no todos esta preparados para perder algo “suyo” y reaccionan de maneras violentas.

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