Oda a las putas, una crítica a la película 50 Sombras de Gray.

La película de 50 Sombras de Gray no podía ser peor que el libro que la inspira. Tal vez esa libertad de saber que no podía fracasar (porque en taquilla el éxito está asegurado), le permitió a Sam Taylor-Johnson darse libertades creativas para acomodar a su gusto el tono de la historia.

Lo primero que se nota al ver esta adaptación es que el sexo es menos importante y menos explícito que en el libro. Si los libros son descritos como porno para mamás, la versión cinematográfica bien podría ser porno para abuelitas, al teatro definitivamente no va la gente por el sexo y eso la directora lo deja claro desde la primera escena subida de tono. De la mano de este cambio viene también que ya no es tan determinante lo que Anastasia y Christian hagan en la ‘cama’ para el desarrollo de la historia, las escenas de sexo se pueden intercambiar unas por otras y no cambia nada la forma en la que vemos a los protagonistas, contrario a lo que pasa en el libro con la progresiva perversión (contra su voluntad) de Anastasia.

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Esos cambios, aunque se agradecen, no significan que salven a la adaptación. La película es una porquería, pero es que de ese material original nada mejor puede surgir. Tampoco ayuda que los protagonistas sean tan malos actores, sobre todo los dos protagonistas. A parte de morderse los labios todo el tiempo, Anastasia no tiene nada de caracter, es una cartulina y Christian Gray es exactamente lo mismo que en los libros, un Ken, un muñeco sin personalidad ni trasfondo. Una mentira. Un accesorio en las fantasias de los millones de mal cogidas que compraron el libro y llenaron las salas.

Al abolir los monólogos de la protagonista, la película se salva un poco de vender la historia de sumisión de Anastasia. En la película da incluso la sensación de que ella está de acuerdo con el juego que Christian le propone y no como en el libro, en el que la mayoría de sus actos parecen ser respuesta al miedo que le da que Christian la abandone. En el libro Christian Gray somete a Anastasia para que haga su voluntad chatajeándola con su presencia, “sí te quiero dar como a rata, pero es que mira que te limpíe el vomito, ojo que puedo estar enamorado y si no me haces caso te dejo”, en la película en cambio, la impresión es que Anastasia cede a los caprichos sexuales de Christian por puro interés metálico, “sí te quiero dar como a rata, pero es que mira como soy de rico, ojo a esta ropa que te compré, al laptop que te regalo y a los paseos en helicóptero, ¿no te querrás perder todo esto cierto?” y personalmente encuentro más digerible que me vendan a Anastasia como una puta, que es eso, a que me la vendan como una mojigata sometida.

Me pregunto si después del éxito arrollador de esta cinta en el país, cambiará en algo los prejuicios que nuestra sociedad (en su mayoría femenina, porque no) tiene en contra de un tipo particular de mujer: las amantes de los millonarios. En útimas, una amante estrato 6 está viviendo la fantasía que Anastasia vive en la película, en últimas vive de intercambiar sexo por favores económicos. ¿Será que Gray le pondría tetas y le agrandaría el culo a Anastasia? tal vez si, si Gray fuera colombiano. En la ficción de 50 sombras, le cambia el vestuario y la obliga a comer poquito, un poco lo mismo. Eso sin señalar el pararelo obligatorio de cuando la moza se enamora y sigue yendo a que se la coman con la esperanza de que el ‘doptor’ Gray se la tome en serio. Un spoiler: en la novela y seguro en la película eso sucede, en la realidad no va a pasar nunca.

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Categorías:Cine & TV, Para evitar

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